lunes, 29 de marzo de 2010

lunes, 15 de marzo de 2010

VA A SER VERDAD?


“DE TIERRAS CON NOMBRE DE ANIMAL, VENDRÁ QUIEN GOBIERNE A LOS IBEROS, ADORARA A REYES NEGROS Y ABRAZARA RELIGIONES EXTRAÑAS, Y LLENARA SU PALACIO DE BUFONES Y ADULADORES.
USANDO SU PROPIA MASCARA DE BUFÓN, TRAERÁ CONSIGO EL HAMBRE, LA POBREZA Y LA DESESPERACIÓN....

Centuria XI de las Prophéties, Michel de Nostradamus

LA PARABOLA DEL HIJO PRODIGO

DEDICADO A MIS HIJOS CON TODO CARIÑO
(Aunque en mi caso yo soy el pródigo y no mis hijos)

EL HIJO
Y así estoy, arrimado a tu puerta,
aguardando, aguardándote.
De rodillas mis ansias marchitas,
y mi mano —una flor calcinándose
con temblor de rocío en la yedra—,
por instinto de sangre llamando a tu aldaba,
esperando, esperándote...

Estoy aquí, Señor,
errabundo, sediento, sonámbulo.
Polvorientos mis pies peregrinos,
sucios de escarcha, heridos de estrellas.
¡Ay! Qué duro es andar por la vida,
cuánto fuego en los soles de agosto,
qué desnuda la nieve de invierno,
qué solitario y mudo
este corazón se queda...

A tu puerta. Sin nadie. Sin nada.
Vacías las alforjas de un hombre que vuelve.
Aquí estoy en la noche postrado.
Así estoy al final de la senda,
Esperando, esperándote...

Por si acaso, Señor, alguna vez,
te dignaras salir
para abrirme tu puerta.


EL PADRE
¡Hijo mío,
cuanto tiempo!
¡Cuánta espera!
Tú, sin rumbo;
Yo, con pena.
Tú, tan lejos;
Yo, tan cerca.
Tú, sin padre;
yo, a tu vera.

Cuántas noches
—duermevela
corazón—
paso enteras,
encendiendo las estrellas,
por si vienes,
por si llegas...
oteando
las fronteras,
si llegara,
si viniera...
de repente
de la niebla,
de la nieve,
tu silueta.

Hijo mío
si supieras
el cariño,
la manera
de quererte,
la querencia
—fuego en sangre—
que me quema...
si aprendieras
que te quiero,
y quisiera...

Tu no sabes
—ni sospechas—
la locura, la elocuencia
de mi amor.
Si entrevieras
los abismos
de los mares,
la marea
que me inunda,
que me anega,
qué delirios,
qué tormentas.
Hijo mío,
si supieras...

Si pudieras
verme el alma;
cómo pena,
cómo llaga,
pura grieta,
luna rota,
luna vieja;
cómo sangra
toda entera
por la herida
de tu ausencia.
Te amo tanto,
tan de veras
que es mi orgullo
tu presencia.
De mi casa
tú, la prenda.
De mis ojos,
sol y perla.
¡Ay, tú voz,
tan risueña...!
¡Ay, tu risa
colmenera...!
Cómo suenan
tus caireles
en mi oreja.

¡No te vayas!
¡Ven más cerca!
Dejarías
—si me dejas—
¡ay!, qué triste
mi tristeza,
y mis pasos
ya sin senda,
ya sin norte,
desolados
por la arena...
a tu busca
siempre alerta,
a «la zaga
de tus huellas».

Con que entres
y te vea.
Con tenerte.
Con que tenga
en mis brazos
tu cabeza.
Y quererte
—si me dejas—
beso a beso,
pena a pena...
Hijo mío,
mi tesoro,
mi riqueza.
Hijo amado,
mi perfecta,
mi más mía
complacencia.

Mira, hijo,
ya alborea...
Para ti
está abierta,
para siempre
nuestra puerta.
Hijo mío,
¡Pasa... y entra!

Francisco Contreras Molina
Misionero Claretiano

viernes, 5 de marzo de 2010

No hace sagrada la imagen el que la pinta y adorna, sino el que la adora.

No hace sagrada la imagen el que la pinta y adorna, sino el que la adora.
El sagaz prefiere los que le necesitan a los que le dan las gracias.
La esperanza cortés tiene buena memoria, pero el agradecimiento vulgar es olvidadizo y e un error confiar en él.
Más se saca de la dependenciaque la de la cortesía; el satisfecho vuelve inmediatamente la espalda a la fuente, y la naranja exprimida cae del oro al lodo: acabada la depedencia acaba la correspondencia y con ella la estima.
La primera lección de la experiencia debe ser entretenerla, pero no satisfacerla; así se conserva siempre la dependencia que los demás tienen, incluso la del rey. Pero sin embargo, no se debe llegar al exceso de callar para que se equivoquen, ni al de hacer incurable el daño ajeno por el provecho propio.
Baltasar Gracián.